Nadie me había hablado así.

image.jpeg

Me gusta hablarles a las personas de igual a igual. Nunca me he sentido cómodo con esa asimetría de poder que generan los símbolos distintivos de un despacho profesional, un centro de trabajo, un diploma universitario o una posición de conocimiento. Tod@s, tarde o temprano, nos encontraremos en un lugar diferente, en una sala diferente, en una mesa diferente… del otro lado.

“Postureo profesional”.

Ese fue el motivo que me llevó a abandonar el “postureo profesional”. No voy a negar que no sea tentador adoptar un rol profesional de superioridad… sobre todo cuando eres novato. Te atrae esa idea de pasar de ser nadie a ser un “don nadie con título universitario”. Pero de ahí al narcisismo o a la negligencia profesional hay un paso taaan pequeño, que he intentado renunciar a honores, distinciones y reconocimientos en pos de salvaguardar mi integridad como ser humano.

“La psicología no debería destacar por lo muy buen@s que sean algún@s psicólog@s,
sino por lo muy bueno que es el oficio”.

Como psicólogo veo multitud de casos (miro al cielo con las manos extendidas y agradezco al cosmos este trato de favor que la vida me ha dado). Cuando empiezas en esto, quieres destacar, sobresalir en tu profesión, hacer las cosas diferentes. Te propones ser esa persona que consiga resolver casos imposibles, llegar allá donde otr@s fracasaron y dejar una huella profunda en las personas que se cruzaron en tu camino. En mi caso, desde primero de carrera me propuse ser Robin Williams en “El Indomable Will Hunting” (D.E.P.). Pero desde hace algunos años estoy intentando abandonar esa pose. Porque la psicología no debería destacar por lo muy buen@s que sean algún@s psicólog@s, sino por lo muy bueno que es el oficio. En general. Con matices, colores y toque personal mediando, claro está. Pero destacando el imaginario global. Dejando egos aparte.

Y es que a veces encuentro personas que han estado demasiado tiempo sufriendo. Días, semanas, meses… sumid@s en un dolor emocional agudo, que les ha dejado huella mnémica en sus emociones, en su autoestima, en su estado de ánimo. Personas que pasaron por despachos clínicos de psicología, que probaron diferentes terapeutas, que invirtieron gran parte de sus recursos económicos en salvaguardar su bienestar anímico. Pero que no encontraron la mirada necesaria, el discurso eficaz o el posicionamiento acertado.

Vínculo y Aprehensión.

De entrada, cuando visito a alguien, me gusta adoptar una postura informal. Un lenguaje corporal que diga: “tranqui, estás hablando con alguien de tú a tú. Voy a tratar de ayudarte”. No me gusta soltar grandes parrafadas. Mi encuadre es mínimo. “Soy Fran y hago (esto). ¿Qué te preocupa?”. Lo justito para que esa persona suelte lo que hace tiempo que necesita soltar. Si estoy ante alguien que es de pocas palabras, entonces tomo el relevo. Con una mirada intento decirle: “chsss, no pasa nada, tómate tooodo el tiempo del mundo”. Y cuando el diálogo empieza a fluir intento encontrar la puerta de entrada a su mundo emocional. Me permito sentir sus emociones, explorarlas, escuchar su eco. Me permito sentir qué me provocan adentro. Qué parte de su historia se parece a la mía. Qué me han movilizado. Y sólo cuando estoy seguro de que he conectado palabras con sentimientos entonces devuelvo. “Por lo que he podido entender, ¿es esto lo que te pasa?”

Si he dado con la tecla explico con preguntas, incitando a la reflexión. El antiguo diálogo socrático. “¿Por qué crees que está pasando?” “¿Qué crees que mantiene el problema?” “¿Qué explicación le das a lo que hace esta persona?” Intento reconducir pensamientos y emociones hacia un nuevo punto de partida, empezando por la APREHENSIÓN, es decir, la captura del mensaje desprendiéndonos del mensajero. El dolor es sólo portador de una misiva, una carta con un significado valioso para crecer a un nivel superior. Después ya vendrán las técnicas, los métodos, los artilugios psicológicos y toda la parafernalia terapéutica.

“Los humanos somos seres relacionales. Necesitamos sentirnos conectados. Y es sólo a través de la conexión como podemos superarnos”.
Háblale como nadie.

Ayer, una chica de diecinueve años, después de unos ochenta minutos de charla, con las mejillas aún húmedas, me miró a los ojos, como quien mira a un océano, y me dijo: “nadie me había hablado así”. Lo último que removió en mi fue el ego. Sentí ganas de escribir este post. Ganas de que l@s profesionales que intervenimos con personas nos desprendamos de la profilaxis técnica y nos adentremos más en lo humano. Porque los humanos somos seres relacionales. Necesitamos sentirnos conectados. Y es sólo a través de la conexión como podemos superarnos.

Por eso, cada vez que alguien recurra a ti para solucionar un problema, háblale como nadie le ha hablado. Y asegúrate de que no necesitará hablar con nadie más.

Humano antes que profesional. SIEMPRE.

Si te ha gustado el post es posible que te guste el “Decálogo Humano”.

Sígueme también en www.psicologiadvida.comwww.facebook.com/psicologiadvida y @psicologiadvida

Photo credit: Hernán Piñera.

3 comentarios en “Nadie me había hablado así.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *