Milagros a Lourdes.


Internet está plagado de vídeos que ensalzan “la cultura de la motivación”. Algunos de ellos son auténticas películas que perfectamente podrían proyectarse en un cine. Están diseñados para ponerte las pilas, activarte, movilizar tu energía y empujarte a luchar por tus sueños. Creo que cualquiera que cuente con al menos una red social (facebook, por ejemplo) ha visto mínimo uno.

Me confieso ser uno de los consumidores más asiduos de este tipo de vídeos (yo mismo realizo fotos de motivación en mi otro blog: PSICOLOGIADVIDA.com, que conste en acta). Suelo tenerlos de fondo, cada vez que me levanto temprano para hacer deporte (siguiendo el mentoring de Robin Sharma y su famosa técnica de los 20 minutos).  Hay que estar o muy loco, o muy motivado para levantarse antes de las 6 a.m. para hacer de tu día algo más productivo…

Ahora bien, creo sinceramente que la motivación está sobredimensiobada. O al menos, la motivación física y psicológica que ensalzan los vídeos de motivación. Porque, a pesar de que sea vagamente, tengo la sensación de que transmiten la idea de que hemos de hacer las cosas sólo si estamos “enchufados”. Es como si diesen a entender que para perseguir una meta debiésemos estar completamente embriagados de una energía desbordante, con la ilusión por las nubes y con los ojos inyectados en sangre…

Yo explico mi experiencia. La mayoría de logros que he conseguido no han sido gracias a una motivación energética colosal.  Ni siquiera porque haya estado profusamente enamorado de mi objetivo. Creo que el proceso de lucha te desgasta tanto que la ilusión y la energía quedan, en muchos momentos, bajo mínimos. Pero lo que sí he comprobado en mis propias carnes es el poder que te da tu capacidad de compromiso, tu fuerza de voluntad, tu responsabilidad hacia tu proyecto y una persistencia de acero, que te haga reincidir incansablemente hasta llegar donde te hayas propuesto firmemente llegar.

Esta parte de la motivación (la motivación conductual, menos romántica, prominentemente fáctica), es la menos conocida, la más ignorada por la “cultura de la motivación” y en la que menos queremos reparar cuando vemos que las cosas no salen como pensábamos. Sin embargo, somos tremendamente persistentes en quejarnos, en patalear, en enrabietarnos como niñ@s de tres años cuando fracasamos en algo.

La pregunta es: lo has dado todo? Has entregado todo lo que podías entregar para conseguirlo? Te has comprometido de verdad? Te has sacrificado? Has desplazado placeres, diversión y ocio en pos de tus objetivos? Has seguido un plan? Has leído todo lo que podías leer sobre tu meta? Te has formado lo suficiente? Has madrugado todo lo que podías madrugar? Has tocado las puertas que tenías que tocar? Porque si no has hecho todo eso, si te has entregado a medias, si te has comprometido por la mitad, si te has medio sacrificado, medio esforzado, medio formado y si has seguido a medias tu plan… Entonces no clames al cielo buscando una respuesta.

Como decía un gran amigo mío: “Milagros a Lourdes”.

(Sígueme también en www.psicologiadvida.com , https://www.facebook.com/psicologiadvida y @franjodar_com ).

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