Psicología: “¿eso funciona?”

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Un tópico. Quien se dedica al oficio de la psicología se ha visto envuelt@, al menos, una docena de veces en este debate. Bien con conocid@s, bien con familiares o amig@s. Respuesta: “depende…”. Otro tópico. Y es que en psicología “todo depende…”. Ya lo decía Pau Donés.

Hay mucho escepticismo alrededor de esta profesión. Y no sin motivos. Porque la psicología, a diferencia de otras disciplinas, no es una ciencia exacta. La naturaleza del ser humano es imperfecta, caprichosa, inestable, dinámica, variante, pendular, metamórfica… ¡Y a “dios” gracias (o a lo que crea cada un@… ¡Ese es un misterio más complicado!). Porque estos atributos hacen de los seres humanos uno de los fenómenos naturales más interesantes del planeta.

En mis más de diez años de experiencia en este oficio he visto de todo. Cosas que funcionan, cosas que no funcionan, cosas que funcionan a veces, cosas que no funcionan a veces. Leyes universales, reglas antagónicas, verdades como puños (o a medias), causas perdidas, milagros y hasta rarezas de otra galaxia… Por eso no me atrevería a dar un sí rotundo. Pero sí puedo decir que cada vez que tengo delante a una persona nunca he perdido ese optimismo ingenuo que me ha acompañado desde el primer día. Llamadlo inconsciencia irreverente… (al fin y al cabo este es un blog de psicología con alma de Rock&Roll).

El Momento.

El caso es que como profesional nunca doy un caso por perdido. Ahora bien, hay una cosa que me ha quedado muy clara acerca de los procesos de cambio de las personas. No sólamente tiene que estar presente la voluntad de superar una dificultad, también es necesario coincidir en el espacio-tiempo con el “momento” (y pongo comillas para insuflar a la palabra un tono místico, pseudocientífico).

Hay niñ@s con una trayectoria de fracaso escolar que se han pasado la mitad de su tiempo libre en un despacho psicopedagógico. Adolescentes que, huyendo de la realidad cruda o aburrida, han transitado los oscuros senderos de la adicción dejando atrás un buen puñado de profesionales a l@s que se les agotaron los recursos. Personas adultas que han maquillado toda la vida las cuentas de una salud emocional en números rojos. Y cuando todo parecía perdido, cuando nadie apostaba un céntimo porque salieran de la caverna, en un “momento” diferente, con un@ profesional distint@, sacan notables, llevan un saludable estilo de vida y saldan las cuentas pendientes.

Por tanto, no todo es psicología. Hay veces en que respetar el “momento” en el que una persona se encuentra, apagar los fuegos de la urgencia (más nuestra que suya), aceptar sus tiempos y hacer de la paciencia un refugio… es algo prioritario.

 

“Para el que cree no es necesaria ninguna explicación: para el que no cree toda explicación sobra”. -Franz Werfe-

 

El Cante Jondo.

Otras veces sabemos que tenemos que cambiar algo, simplemente… no nos da la gana. Para esto no hay que estudiar psicología. Los Piratas ya cantaban que la pena dura tanto como quieras tú seguir llorando (para quien no tenga nociones de música pop de los 90′, eran un grupo de música español, muy bueno, por cierto).

Nada funcionará con aquella persona que no apuesta nada por sí misma. Esto es así. Hay un extenso club de fans que son más bien amantes del cante jondo. Un tipo de personas que les gusta adular la pena, hablar con quejío y dilatar el lamento. Adictas a la protesta y férreas defensoras del descontento. Carne de cañón para tarotistas con despacho, chamanes espirituales o vendedores ambulantes de pociones mágicas. Disculpas, por adelantado, a quien se pudiera sentir cuestionado: esa era la intención 😉 .

(Por cierto, si estás estudiando psicología para tratar tus propios problemas, ya te lo digo de antemano: te va a salir más barato ganar una quiniela).

Dar en el clavo.

Por si fuera poco, la psicología no es “una”, hay “muchas psicologías”. Y es que podemos encontrar diferentes formas de estudiar la mente y el comportamiento humano. Cada corriente de pensamiento propone diferentes metodologías.  Algunas son más rápidas e intensas. Otras más de largo recorrido. Hay métodos analógicos. También los hay que son digitales. Técnicas modernas y vintage

Lo que funciona para un problema es posible que no funcione para otro. Lo que va de maravilla para un persona resulta que en otra no arranca ni a la tercera.Y así es este oficio… Ni existen fórmulas mágicas, ni tampoco es una quimera. En la psicología hay que tener, además de labia, buen ojo. Porque las vicisitudes por las que pasamos los seres humanos no caben en un manual de diagnóstico. La mente humana es escurridiza y le gusta jugar al escondite. Siempre se te puede escapar algo, por más años de experiencia que acarrees a tu espaldas.

Hay ocasiones en las que coinciden todos los elementos de la ecuación: la persona, el momento, “el cante” y el/la terapeuta, pero todo es cuestión de dar en el clavo. De ahí la importancia de que l@s que nos dedicamos a esta bella labor estemos siempre en continuo proceso de adiestramiento. Leer, compartir, supervisar y seguir estudiando. Hay que mantener la pasión por el conocimiento, seguir afilando nuestra curiosidad y ser insaciables en cuanto al aprendizaje. Porque cuanto más instruid@s estemos mejor puntería tendremos.

Y con esto… no sé si he contestado a la pregunta… ¡Si crees que no, deja un comentario! 😉

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#Todos los derechos de autor reservados.

Photo credit: Adán Sánchez de Pedro

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