¡De juzgado de guardia!

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La adolescencia, es probablemente, una de las etapas que más estrés genera a lo largo de nuestro ciclo vital. El cerebro inicia un proceso de metamorfosis que culminará a los 25 años. Eso va a requerir un consumo de energía brutal. Un gasto energético para el que l@s adolescentes no están preparad@s, ya que en la mayoría de ocasiones siguen pensando y actuando como niñ@s. De ahí que l@s adolescentes son fans de dormir, comer grasas y no hacer ni el huevo

Pero al margen de la fatiga física y mental que produce la adolescencia, estamos hablando de un cerebro que aún no está acabado. A l@s adultos nos parece ya maduro, en parte por esa impresión de prepotencia e independencia que emiten los adolescentes (no es más que un intento de superar la inseguridad de tener que hacerse mayores). Pero no, no está formado. Es un cerebro en construcción. En una fase crucial de su moldeamiento. Y no sólo eso, sino que además el cerebro modificará las estructuras cerebrales que ha ido consolidando durante la infancia.

“Están en esa fase donde más necesitan el apoyo adulto y donde más odian necesitarlo porque eso les hace seguir sintiéndose niñ@s”.

Aunque son capaces de hacer algunos razonamientos lógicos, distinguir algunas conductas “buenas” de las “malas” y entender qué se espera de ellos, la parte superior de su cerebro está sufriendo cambios esenciales. Eso implica que tienen una lógica, un equilibrio emocional y una moral “a medias”. Un quiero, pero no puedo. Un sprint de olimpiadas y unas derrapadas de rally. Y es que mientras su cerebro racional está a mitad de camino, su cerebro emocional, su lado oscuro, está en pleno rendimiento. Lanzándoles impulsos de vértigo, sugiriéndoles ideas fantasiosas, ilusiones de poder y colocándoles en las situaciones más seductoras jamás vividas.

Están en esa fase donde más necesitan el apoyo adulto y donde más odian necesitarlo porque eso les hace seguir sintiéndose niñ@s.

Por tanto, debemos revisar nuestras expectativas, conciliar lo que esperamos de ell@s con donde ell@s pueden llegar. Porque cuando l@s adult@s l@s juzgamos, con esa moralidad “blando-negro”, diciendo cosas como que a l@s menores que comenten delitos “no les pasa nada…”, “que se van de rositas…”, “que hay que endurecer la ley del menor…” estamos actuando como un adolescente en el cerebro ya formado de un adulto.

Eso sí que me parece más grave todavía. ¡De juzgado de guardia!

Foto credit: Juan Carlos.

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