Perdón, Generosidad y Compasión: el Camino a la Alegría.

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Para finalizar el año, he decido acabar con una lectura terapéutica diferente. Después de acabar “La Trampa de la Feclidad”, del Dr. Russ Harris, los tintes místicos que envuelven la terapia Aceptación y Compromiso me han llevado a indagar en los postulados del pensamiento espiritual. Me he imbuido de lleno en las palabras que su Santidad el Dalai Lama y el Arzobismo Desmond Tutu nos han dejado como legado en “El Libro de la Alegría”, un manifiesto espiritual para alcanzar la felicidad duradera en un mundo en cambio constante.

Felicidad o Alegría.

Las personas que nos dedicamos al oficio de la psicología, de algún modo u otro, compartimos un fin común. Me atrevería a decir que la piedra angular de nuestro trabajo es desentrañar los caminos que llevan a la felicidad para ayudar a las personas con las que trabajamos a experimentarla… O experisentirla, como le oí decir a Xavier Pedro. Sin embargo, yo nunca me había parado a reflexionar sobre la diferencia entre felicidad y alegría. Más bien las he considerado gemelas, incluso me apuraría a decir que la alegría me había parecido ligeramente más circunstancial. Lo que no me imaginaba es que encontraría en el campo espiritual una aproximación interesante. Muy interesante…

“Para el budismo, la alegría es el estado natural del ser humano y hay que aprender a potenciarla como una habilidad más.”

Según el arzobispo Tutu, “la alegría es mucho más grande que la felicidad, solemos percibir la felicidad como algo estrechamente vinculado a las circunstancias externas, mientras que la alegría es independiente.” Para el budismo, la alegría es el estado natural del ser humano y hay que aprender a potenciarla como una habilidad más.

Esto me hace pensar en la idea central del trabajo terapéutico que realizo: la Fuerza Interior. A lo largo de los años ayudando a las personas a superar experiencias dolorosas y traumáticas he aprendido que todo ser humano tiene dentro de sí una fuerza capaz de llevarle a sobrevivir al dolor y vencer el sufrimiento. Creo que la literatura científica coincide con este concepto cuando ha descrito la naturaleza de la resiliencia. Me pregunto si es este fenómeno al que las orientaciones espirituales se han referido como alegría. Después de todo, parece ser que la alegría es una fuente natural innata, independiente de las vicisitudes por las que nuestra vida atraviese. Veamos cómo podemos llegar a potenciarla.

Generosidad y Compasión.

Hay un pasaje del libro que me parece revelador, tanto por su sencillez como por sus implicaciones en la vida cotidiana. En uno de los momentos de reflexión que produjo el diálogo entre el Dalai Lama y el Arzobispo Tutu, éste último contesta: la mayor alegría de todas es la que obtenemos al hacer el bien ajeno. Estamos hechos así, diseñados para la compasión, para cuidar al prójimo y para ser generosos los unos con los otros. Nos marchitamos cuando no tenemos con quién interactuar. Necesitamos a los demás para desarrollarnos tal como somos”.

“Debemos focalizarnos en ayudar a los demás para poder aliviar nuestro propio dolor. Dicen que el egoísmo provoca sufrimiento.”

Esta afirmación está íntimamente conectada con lo que la ciencia ha descubierto en relación a la capacidad de ser generoso. Según Douglas Abrams, el narrador de este “sagrado encuentro”, el neurocientífico Richard Davidson afirma que hay cuatro circuitos cerebrales independientes que proporcionan una sensación de bienestar duradero: el cuarto y último circuito sería la generosidad.

Tanto el Dalai Lama como el Arzobispo Tutu coinciden en que debemos focalizarnos en ayudar a los demás para poder aliviar nuestro propio dolor. Dicen que el egoísmo provoca sufrimiento. Según relata el Dalai Lama, de camino al hospital a causa de un dolor horrible en la vesícula biliar, vió a un pobre anciano, sucio y con el pelo alborotado, en una estado que le pareció moribundo. Según cuenta, al centrar su atención en el anciano durante todo el trayecto, se olvidó por completo de su propio dolor.

Parece ser que a través de la compasión y la generosidad entramos en un bucle de bienestar sostenido. Como explican en su libro: “cuanto más nos centramos en los demás, más felices somos, y cuanto más felices somos, más alegría podemos ofrecer a los demás.”

El Perdón.

He de reconocer que he tenido mis reticencias a la hora de abrir mi mente al conocimiento que el plano espiritual puede aportar a la ciencia del comportamiento. Quizá sea uno de los grandes descubrimientos que he hecho este año. Esto refuerza uno de mis pilares profesionales y personales: flexibilidad, plasticidad y apertura mental.

“Quizá la peor consecuencia de sufrir violencia no sea caer en el miedo, la ansiedad o la depresión. Creo que lo más devastador de la violencia es que puede arrastrarte a la capacidad de odiar.”

Animado por las sensaciones místicas que esta lectura me ha dejado, me he atrevido a incluir un tercer concepto: el perdón. Trabajar con víctimas de delitos violentos me ha hecho ser consciente del poder devastador que tiene la violencia. Quizá la peor consecuencia de sufrir violencia no sea caer en el miedo, la ansiedad o la depresión. Ni siquiera el hecho de que pueda empequeñecer tu vida, condenándola a un sufrimiento cíclico a través del recuerdo. Creo que lo más devastador de la violencia es que puede arrastrarte a la capacidad de odiar.

Odiar es contrario a amar. Cuando odiamos, no sólo no deseamos el bien a la persona odiada, sino que deseamos el mal. Mucho mal… Todo el mal que pueda ser imaginado. Nos alegramos de sus pesares, deseamos su malestar, ansiamos que la desdicha se cierne sobre su vida. Y podemos sucumbir a ese afán insaciable de destrucción creyendo que de esa forma se hará justicia y será restituido el bienestar arrebatado.

Esta experiencia choca frontalmente contra las enseñanzas que el Dalai Lama y el Arzobispo Tutu nos han dejado. Odiar impide nuestra capacidad de generosidad y de compasión. Y puesto que el odio nos vuelve menos generosos, menos compasivos… nos hace más infelices, menos alegres. Más inhumanos, por tanto. Es por eso que el odio puede condenarnos a una vida de tormento.

“El perdón como sinónimo de superación de lo sufrido, dejando que nuestro interior vuelva a albergar sentimientos positivos y recobrando la capacidad innata de alegría.”

Por eso promulgo como herramienta terapéutica no sólo la generosidad y la compasión, sino también el perdón. El perdón no como sinónimo de olvido, no como un acto de menosprecio del dolor causado. Sino el perdón como sinónimo de superación de lo sufrido, dejando que nuestro interior vuelva a albergar sentimientos positivos y recobrando la capacidad innata de alegría.

Y en la medida de lo posible, pensar en la imagen de la persona que nos ha hecho daño desde un punto de vista más bondadoso: sintiendo compasión por el camino de infelicidad que escogió y siendo generoso deseándole que vuelva a sentir alegría en algún momento.

Puedo hacer un repaso mental de todas las personas que me han hecho daño. Tengo sus rostros bien presentes en mi mente. Ahora y en este momento. Y desde este plano de consciencia distinto donde se sitúa ahora mi mente puede decir: TE PERDONO. DESEO QUE ENCUENTRES PAZ EN TU CORAZÓN Y REBOSES SIEMPRE DE ALEGRÍA.

Es así como quiero finalizar este año en lo personal. Y será así como enfoque mi profesión el año que viene. Te propongo que te sumes a esta corriente nueva que augura mayor bienestar, mayor felicidad y mayor alegría al ser humano.

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¡Os deseo UNA FUENTE INAGOTABLE DE ALEGRÍA para el año que viene! 😊

3 comentarios en “Perdón, Generosidad y Compasión: el Camino a la Alegría.

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